19.Septiembre.2017
CHAVA PEÑA Y SUS NEGRITOS DE MATA CLARA
Una familia de Afrodescientes en Veracruz que cultiva el Son Jarocho; y forman parte de "Nematatlin" de la UV...
Por NATALIA LAGUNES /EXCLUSIVA
Foto: / NATALIA LAGUNES /
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Por: NATALIA LAGUNES /EXCLUSIVA /

El Son Jarocho es la expresión musical propia de la cultura veracruzana, donde se combina la danza zapateada y la poesía cantada, y "Chava Peña y sus Negritos de Mata Clara" nos regalan esta conversación, a los Lectores de EL MERCURIO DE VERACRUZ, en la cual nos trasmiten "la magia" que tiene la música, y lo que rodea a nuestra Cultura y folklore.

Esta expresión artística también es ampliamente practicada por ejecutantes que no son de origen jarocho, la música tiene un ritmo armónico, la lírica tiene coplas cambiantes llamadas "versos" y la danza se basa en el zapateado.

“Para mí el son, es la esencia del pueblo, la herencia cultural más bonita que podemos tener los jarochos y me ha dado satisfacciones de manera personal en muchos sentidos, al enriquecerme como persona, y bueno económicamente,porque vivo de eso desde hace muchos años, puedo decir que es una fuente inagotable de magia”.

Así lo explica Don Salvador Peña Cadeza, sonero veracruzano de nacimiento y catedrático en la Universidad Veracruzana, donde funge como director del Grupo Musical Nematatlin, una dependencia académica comprometida a enriquecer el acervo cultural y la formación integral de la comunidad universitaria, a través de la investigación, difusión y conservación de la Música y Danza Folklórica, quien además formó un grupo musical con sus hijos, Salvador y Omar, llamado Chava Peña y sus "negritos de Mata Clara".

Este grupo familiar nacer no solo por el amor a la música y la tradición, sino también por la necesidad que existía en la familia de tener una mejor calidad de vida y solventar los gastos del hogar. Poco a Poco no solo se convirtió en el trabajo familiar si no en un modo de vida, una manera de convivir, de crecer y de acercarse como familia.

SU TRAYECTORIA A TRAVES DE LOS AÑOS…

“Nací en un pueblo provincia de Veracruz que se llama Mata Clara, es un pueblo que el 80% de su población es de Afro descendencia, somos gente descendiente de africanos y el amor por la música nace en ese lugar; mi papá y mi abuelo eran músicos de son jarocho y yo nací y crecí con esa cultura musical, el estar conviviendo en ese ambiente hace que le tomes mucho amor a la música y a partir de eso es que me dedico a la música jarocha”.

Desde muy pequeño explica que tuvo la inquietud de aprender a tocar algún instrumento pero añade que su padre no lo veía como músico si no como un profesionista. Fue hasta los 16 cuando tomó la decisión de iniciar su camino en el mundo de la música jarocha siendo el arpa el primer instrumento que aprendió a tocar.

“Fue con un señor que vivía en el rancho, de nombre Ludovico Blanco Enríquez, era en ese tiempo el único arpista, en ese entonces ya habían fallecido los arpistas de la generación de mi papá, y le platico mi inquietud y me dice ven a la casa yo te voy a enseñar; fue el 1ro de julio de 1982 que yo tomé mi primera clase de arpa , al mes yo ya sabía tocar un son que se llama el jarabe loco, y a partir de ahí empecé a echarle más ganas, para diciembre de ese año yo ya tocaba con el grupo del rancho, se acostumbra mucho salir con "La Rama", y bueno: fue así que empezó mi carrera musical”.

Salvador Peña Cuenta que siguió estudiando pero pasando el tiempo seguía sintiendo ese llamando de la música, y en febrero 7 de 1987, emigra a la ciudad de México con la intención de probar suerte, y ahí trabajó con muchos grupos musicales del 87 al 2000, entre los que recuerda, no puede evitar mencionar al ballet folclórico que tiene su sede en el Palacio de Bellas Artes, el de Amalia Hernández Navarro, quien fue una bailarina y coreógrafa mexicana, y con quienes visitó países en Europa como Finlandia, Francia, Italia, España, el reinado de Mónaco y en el centro y sur América: Brasil, Paraguay entre otros.

“En el 2000 me regreso a Veracruz por la situación de inseguridad en México, para ese entonces ya me había yo casado y ya tenía a mis dos hijos, después de un año de dar vueltas, en marzo del 2001 entro a la Universidad Veracruzana a suplir a un maestro que había enfermado, que era el cantante de son jarocho y quien fallece en julio de ese año y me quedo en la UV hasta la fecha”.

En el año 2009 incorporan a la enseñanza de la UV, materias electivas y se convierte en músico docente, para ese momento a sus dos hijos, explica, ya les había nacido el amor por la música.

“El más grande que es Salvador toca el arpa y el menor las maracas, la jarana y un poco de arpa y así es como ha seguido la tradición de la música en mi familia, el arpa era mi instrumento base, pero a partir del 2002 que Salvador aprende el arpa le cedo la estafeta; al paso del tiempo me supera y definitivamente me quedo con la jarana”.

En su docencia dentro de la universidad veracruzana, Don Salvador Peña explica que los jóvenes toman materias musicales porque inicialmente les llama la atención tocar algún instrumento, otros son más honestos y le dicen que les faltan créditos para su titulación o que es la única experiencia educativa que se acomoda en sus tiempos, pero ya que entran, desde la primer o segunda clase, quedan cautivos del Son, ya que se van incorporando sin darse cuenta y al final se les olvida por qué entraron, dice que así es el Son de hermoso e inexplicable.

TRAS LOS PASOS DE SU PADRE…

Por su parte, el hijo más grande de Don Salvador, Salvador Peña Herrera de 26 años de edad mejor conocido como Chava, quien es licenciado en Ciencias de la Educación y cuenta con el nivel técnico para enseñanza de la música en la escuela municipal de Bellas Artes, sigue el mismo modelo de trabajo de su padre, que es ligar la enseñanza con la música, es decir: hacer formal la enseñanza del folclor en Veracruz.

“La comunidad jarocha en el lugar del mundo en el que se encuentre, siempre va a reunirse, siempre van a buscarse unos a otros y siempre van a buscar la convivencia; yo me desarrollé en un ambiente musical, en el cual era muy común ir a casa de los amigos los fines de semana a tocar toda la noche; en ese entonces yo estaba muy pequeño, pero me nutría de lo que estaba escuchando, ver a los amigos de mi papá y a mi papá tocar, fue lo que me atrapó, no puedo explicar lógicamente el como el Son jarocho llegó a mí, simplemente el Son jarocho decidió tomarme e impregnarse en mí”.

El más grande de los hijos de Salvador Peña y Juana Herrera, tiene sus primeros encuentros con el arpa jarocha a partir de los 7 años de edad, cuando inició ensayando en casa, de manera autodidacta. Explica que su papá siempre ha vivido del son, entonces le era imposible que después de una larga jornada de trabajo, llegara a casa a enseñarle a tocar el arpa.

“Cuando grabó su primer disco aproximadamente en el 93, bueno su primer casete, me lo regala y yo lo ponía y lo quitaba una y otra vez, lo escuchaba todo el día, escuchaba todo el día su Son jarocho, empecé tocando la jarana y no recuerdo en que cumpleaños fue pero mi papá me regala un arpa, es donde empiezo a experimentar, a jugar con el instrumento, hasta que se hizo una parte de mí, una extensión de mi cuerpo”.

Dentro de su formación académica, aproximadamente en el año 2000, empieza su aprendizaje de una manera más en forma y con la inquietud de hacer cosas diferentes, de tocar géneros musicales que no han sido específicamente hechos para el instrumento, pero que existe la capacidad de interpretar; y esto da pie a que le ofrezcan una beca en la universidad veracruzana en la parte de difusión cultural dentro del grupo Nematatlin, para interpretar música instrumental con arpa en las exposiciones de arte en la galería de la USBI.

“De cierta manera me fui encaminando a tocar diversos géneros musicales y a la gente le gustó, y bueno me dediqué al Son jarocho que es lo que más me gusta, por eso es que realizo mi primer producción musical que se llama “Arpeando Ando”, donde ejecuto géneros musicales que no son propios del arpa veracruzana o el arpa jarocha, en esa producción se graba bossa nova, música tradicional mexicana de mariachi, son huasteco, y se graba música de Paraguay, de Colombia y diversos géneros que han dado razón a que el instrumento se nutra más”.

Chava, a pesar de vivir del son, dice que no lo ve como si fuera un trabajo, ya que hace lo que más le gusta hacer, a pesar de recibir un pago por esto, dice que el llegar a ese nivel es felicidad, el ve al Son como felicidad, como plenitud y como una oportunidad de llegar a las nuevas generaciones, donde más le gusta hacer hincapié, ya que como joven puede acercarse a las nuevas generaciones, para seguir promoviendo el son y la cultura veracruzana.

“Siento que no debemos perder nuestro origen ni nuestras raíces, tengas la edad que tengas, o sea el año que sea, el son él es son”. Recientemente, Chava y su padre asistieron al Encuentro Internacional Maestros del Arpa, el cual busca mostrar colores, técnicas y sonoridades de distintos tipos de arpa.

En esta cuarta edición estuvieron como invitados países como Estados Unidos, Gales, Venezuela y México, representado por los veracruzanos, quienes fueron invitados por parte del comité organizador gracias a la trayectoria y reconocimiento que tiene Nematatlin en el mundo con 37 de experiencia.

“Se presentaron diversos tipos de arpa como el arpa venezolana, arpa central; el arpa de triple encordadura, el arpa galesa, el arpa eléctrica que se ha estado utilizando en estados unidos, , y el arpa veracruzana que es la que nosotros llevamos, la temática de este encuentro fue mostrarle a la comunidad colombiana la diversidad arpistica que tenemos en el mundo”.


EL MENOR DE LOS PEÑA Y LOS NEGOCIOS…

Omar Peña Herrera nació en la CDMX al igual que su hermano Salvador, tiene 23 años pero no llevó la música al mismo nivel, él es licenciado en gestión y dirección de negocios por parte de la Universidad Veracruzana.

“Lo musical no fue tan parte de mi como de mi hermano, yo siento que él tiene un don innato, cuando mi mamá estaba embarazada mi papá le tocaba el arpa y por eso pienso yo se le impregno la música, por mi parte yo siento que soy algo metiche, me gusta estar sabiendo de todo y pues me pegaba un poco a mi papá para aprender”.

Omar explica que en su vida no ha tenido a la música en un primer plano como su papá y su hermano, pero afirma que ya lo traía de nacimiento, ya que su papá siempre ha sido sonero y lo adquirió de su abuelo, y su madre es alvaradeña, quien baila son jarocho.

“llegábamos a las reuniones y decían ahí vienen los jarochos que toquen un poquito y bueno empecé a tocar las maracas como a los 6 años, mi hermano fue el que más me inculcó el sentido musical, tenía un poco más de tiempo de enseñarme, no sé cómo me fue llamando la música, pero me acerqué a ella por esa emoción de representar al pueblo veracruzano, el poder cantar un son jarocho y el estar orgulloso de ser veracruzano es lo que más me atrajo a la música, el poder compartirle al público ese talento que se me dio y compartir esa conexión que tengo con mi familia, sin duda la música te une”.

UN SUEÑO, RESTAURANTE JAROCHO EN EL EXTRANJERO...

Platican su papá y su hermano mayor que Omar siempre fue muy bueno en los negocios y que tiene un don para vender lo que sea, entre risas cuentan anécdotas de como Omar siempre veía la manera de vender algo y tener dinero, desde la primaria hasta la universidad, donde en varias ocasiones vendió postres entre sus compañeros.

“Mi formación no ha sido musical, lo mío siempre han sido los negocios y la cocina , independientemente de la música que no vivo de ella al 100%, yo estudie Gestión y Dirección de negocios, la carrera la estudie en la UV y mi meta es tener un restaurante veracruzano en el extranjero; tuve la oportunidad de viajar con mi papá y mi hermano a Estados Unidos, con el grupo que tenemos, y es muy bonito ver como enaltecen la cultura, a los extranjeros les encanta la cultura veracruzana, los bailes y la música”.

Explica que su meta es tener un restaurante veracruzano en donde haya música en vivo, son jarocho y platillos típicos de su tierra, dice que esa es su manera de seguir con las tradiciones veracruzanas, y que mejor que sea en otras partes del mundo.

A diferencia de su papá y de su hermano que coinciden en que su canción preferida del son es el balajú, Omar siempre ha elegido El Cascabel, ya que se considera alguien muy sentimental y se identifica con esa pieza por su carácter y la felicidad que siente al cantarla y pregonarla.

A pesar de su poco interés por hacer de la música su modo de vida, Omar asegura que es algo que jamás dejará, ya que es parte de su esencia y de la educación que recibió en casa, sobre todo de sus raíces y su historia.

“El son en mi día a día es muy importante, tengo en casa a dos grandes músicos que nunca van a dejar que se me olvide, nuestra conexión es muy importante, como familia y como veracruzanos, nos hemos ido desarrollando cada vez más al paso de los años y es lo más bonito que la música me ha dado”.

Salvador Peña Cadeza y sus hijos Salvador y Omar Peña Herrera, son músicos veracruzanos, soneros y jarochos de corazón quienes a pesar de sus diferencias académicas, de edad y de caminos, tienen en mente una sola cosa, el seguir promoviendo el son y las tradiciones veracruzanas entre la población, sobre todo en los jóvenes, ya que aseguran, la música los ha unido como familia, les ha dado grandes satisfacciones, no solo monetarias si no personales.




 
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