La reaparición del gusano barrenador del ganado en diversos países de América ha encendido las alertas sanitarias internacionales, por lo que organismos especializados han fortalecido las acciones para evitar su expansión.
Ante este escenario, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) anunciaron el reforzamiento de programas científicos destinados a combatir la plaga mediante tecnología nuclear.
El gusano barrenador es la larva de una mosca parásita que deposita sus huevos en heridas abiertas o tejidos expuestos de animales de sangre caliente, provocando lesiones severas que pueden derivar en infecciones mortales.
Después de décadas de control exitoso, la presencia del parásito volvió a detectarse en Centroamérica y México, mientras que Estados Unidos confirmó a principios de junio de 2026 su primer caso en más de 40 años.
Como respuesta, ambas organizaciones pusieron en marcha un Proyecto de Investigación Coordinada que permitirá a los países afectados optimizar la aplicación de la Técnica del Insecto Estéril (TIE).
Este procedimiento consiste en criar grandes cantidades de insectos, esterilizarlos mediante radiación y posteriormente liberarlos en zonas afectadas para que se reproduzcan con ejemplares silvestres sin generar descendencia, reduciendo así la población de la plaga.
La estrategia ya había demostrado su eficacia durante una campaña internacional desarrollada a lo largo de 45 años, mediante la cual se logró erradicar el gusano barrenador desde Estados Unidos hasta Panamá.
Especialistas advierten que la propagación actual representa una amenaza significativa para la producción pecuaria, la fauna silvestre, el bienestar animal y la economía de miles de productores.
Las infestaciones ocasionan pérdidas económicas importantes debido a la muerte de animales, daños en pieles comerciales y disminución en la producción de leche y carne.
Según estimaciones internacionales, la erradicación previa generó beneficios superiores a mil 300 millones de dólares anuales para los sectores ganaderos de Estados Unidos, México y Centroamérica.
El nuevo programa contempla la participación de expertos de más de 20 países, quienes trabajarán en el perfeccionamiento de sistemas de vigilancia, producción masiva, esterilización y liberación de moscas.
Actualmente, la única instalación dedicada a la producción de moscas estériles opera en Panamá y genera alrededor de 100 millones de ejemplares por semana, cifra insuficiente para contener el brote actual.
Las autoridades estiman que la respuesta integral requerirá hasta 600 millones de moscas estériles semanales, por lo que se prevé ampliar la capacidad de producción en instalaciones ubicadas en México y Estados Unidos.
El proyecto tendrá una duración de cinco años y buscará fortalecer la cooperación internacional para enfrentar una amenaza que, según expertos, no reconoce fronteras y exige una vigilancia permanente.