28.Noviembre.2012
Sor Juana y el derecho a decidir
Cada 12 de noviembre es la oportunidad para recordar y revalorar el trabajo artístico y los aportes sustanciales de una mujer fundamental:
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Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillán quién más tarde se convertiría en Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer adelantada 200 años a las luchas reivindicativas de género, que a casi 4 siglos de su nacimiento, sigue vigente por la agudeza de su pensamiento, la pureza de su pluma y por haber tenido el valor de elegir cómo vivir.



La obra poética y literaria de Sor Juana es impresionante y nos exige adentrarnos en ella para conocer el espíritu de una época y la sensibilidad de una mujer única; sin embargo en la llamada `décima musa` existen otros aspectos que son más conocidos y que están relacionados con su vida privada, lo cual ha ocasionado que se la catalogue como autora de la poesía feminista e incluso de la poesía lésbica, lo cual es nos lleva a incurrir en las aberraciones que solo la ignorancia permite.



Juana Inés, criolla, hija de españoles, creció con su familia materna luego del abandono de su padre, por lo que la figura masculina para ella estuvo representada por su abuelo, quién además, fue el gran introductor al mundo de la literatura, despertando en la criatura esa hambre de conocimiento que la llevó a leer a los clásicos`desde los tres años de edad.



De tal magnitud era la lucidez de Juana Inés, que fue canalizada a la llamada `escuela amiga` en donde amplió sus conocimientos básicos, hasta el grado en que su maestra habló con su madre para hacerle saber que ella ya no podía enseñarle más a la niña, pues su deseo de conocimiento la había superado.



Es así como llega a vivir con sus tíos a la ciudad de México y son ellos - pequeñoburgueses de la sociedad colonial - quienes la llevan a la corte de los virreyes a la edad de 14 años.



Juana - la jovencita provinciana de singular belleza - destaca en la corte por su lucidez, puesta a prueba ante las mentes más sobresalientes de la época, quienes validaron los conocimientos en distintas disciplinas de la joven.



De Juana Inés se ha dicho en reiteradas ocasiones que tuvo amoríos con alguna de las dos virreinas que se convirtieron en sus protectoras, mostrando como evidencia de esos afanes, varios de sus sonetos; sin embargo, existen autores que señalan devaneos con el género opuesto, y es que en efecto, se ha señalado que la razón por la cual sus tíos la mandan a la corte es los celos enfermizos que la tía sentía por la joven, quién acaparaba la atención y las miradas del tío, razón por la cual llegó a la vida palaciega en donde en efecto,



gozó de los favores de la virreina, quién veía en ella a una chica brillante, pero quién habría sido su amor y no tan sólo platónico, fue el virrey.



En todo caso, ni la certeza de sus amores con hombres o con mujeres - en caso de que así haya sido - es la razón por la cual esta mujer es trascendente.



Sor Juana sigue vigente por sus letras pero sobretodo porque tomó la decisión de dedicarse a cultivar el intelecto, prefiriendo incorporarse a la vida conventual, al matrimonio, únicas opciones para las mujeres en aquella época.



Primero fue Carmelita y más tarde Jerónima, orden a la que perteneció por casi 30 años, tiempo en el que su celda en el convento se constituyó como el eje de la vida intelectual de la época, situación que provocó presión por parte de la iglesia que, en la plenitud de la Nueva España, se regía por preceptos tan rígidos, que dieron lugar a la censura de la Santa Inquisición.



Es a través de la llamada `Carta a Sor Filotea` que el obispo de Puebla la conmina a dedicarse más a la vida espiritual que a los devaneos intelectuales, ante lo que ella responde enfática mediante un texto singularísimo, sobretodo porque el siglo XVII no corresponde a la época de esplendor del feminismo ilustrado y es ahí en donde ella hace público su derecho a decidir sobre su vida.



No obstante la contundencia de la pieza epistolar, Sor Juana vive un retraimiento de su vida intelectual, manifiesto en un hecho lleno de simbolismo: sus libros.



Hay quienes dicen que vendió su enorme biblioteca, para con el dinero obtenido por su venta, destinarlo a obras benéficas; o hay quienes afirman que ella misma les prendió fuego a sus libros. Lo cierto es que sus últimos años no volvió a escribir, ni a leer, ni a pronunciar discursos ni a hacer públicas sus opiniones sobre aquellos temas relativos a la vida pública.



Murió joven, contagiada de la enfermedad que mató a tantos en aquellas famosas inundaciones de finales del siglo XVII, pero su pensamiento es tan trascendente, que en su memoria, cada 12 de noviembre se le recuerda y se celebra el Día del Libro.

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