04.Septiembre.2017
MAMÁ EN TIEMPOS DIFÍCILES
PONER FIN A LA VIOLENCIA: EMPIEZA EN CASA.
Por CLAUDIA MARTÍNEZ
CLAUDIA MARTÍNEZ
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A mediados del 2016, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sustentable, muchos países (entre ellos el nuestro), organizaciones internacionales, la comunidad académica mundial y el sector privado, impulsaron la “Alianza Global para poner fin a la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes".

La intención de esta Alianza es, entre otras cosas, sensibilizar, visibilizar y hacer que se tome conciencia sobre el impacto que tiene la violencia en la vida de los niños, y movilizar a todos los sectores de la sociedad para detenerla.

Apenas a mediados de este mes de Agosto, se dio a conocer el Plan de Acción Nacional para prevenir y atender la violencia. En este Plan han participado, de manera multisectorial, diversas instituciones y organizaciones.

Me gusta el planteamiento del documento porque parte de reconocer que el Estado mexicano ha sido incapaz de contener la violencia contra sus niños y niñas, que se expresa en muchos y diversos contextos, y plantea una visión que personalmente creo que es la única que puede funcionar para atender las necesidades de la primera infancia, que es la intersectorialidad.

Sin embargo, aunque se busca trabajar en la sensibilización de toda la población para empezar a erradicar este mal social, lo cierto es que en nuestras familias, en nuestro contexto cultural, la violencia física hacia los niños incluso se entiende como una manera de demostrar amor (“si te pego, es porque te quiero, porque me importas”), o se piensa que es un asunto nimio que no deja ninguna secuela en el desarrollo emocional de los niños ( “una buena nalgada a tiempo, a nadie le viene mal”).

Lo pienso en función de las actitudes que comúnmente tenemos los padres frente a una conducta normal y común en todos los niños pequeños como los berrinches. Creo que una de las obligaciones parentales es leer o buscar orientación sobre desarrollo infantil, que nos ayude a entender los procesos de crecimiento y desarrollo.

Así, los padres podrían saber que los berrinches no tienen que ver con una intención de manipulación o con una “mala conducta”, sino con un desarrollo incipiente y no terminado del lóbulo prefrontal, que es el encargado de regular la conducta emocional.

Así entonces, no es posible pedirle a un niño menor de 6 años, que no se desborde emocionalmente, o que se controle cuando esto le ocurre. Y gritarle o pegarle, realmente no ayuda en nada cuando su sistema límbico (emocional) se adueña de su sistema racional.

También serían importante que pudiéramos entender que los berrinches no se corrigen, porque las emociones no se corrigen, simplemente se expresan, y que esto último es sano y natural.

El papel de los adultos frente a los niños es de contener el berrinche, ayudar al niño a aprender a contenerse, desde el respeto, el amor y la amabilidad.

¡Hasta la próxima!


 
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