31.Julio.2017
MAMÁ EN TIEMPOS DIFÍCILES
¿QUE DEFINE LA BUENA CALIDAD DE UNA GUARDERÍA O UN JARDÍN DE NIÑOS?
Por CLAUDIA MARTÍNEZ
CLAUDIA MARTÍNEZ
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Próximamente empezará el ciclo escolar 2017-2018, y muchas familias tomarán la decisión de llevar a sus hijos pequeños a una guardería o a un jardín de niños. Siendo estos servicios para niños menores de seis años, muchas veces no son valorados apropiadamente, pues las familias consideran que no tienen mucha trascendencia en la vida escolar de sus pequeños.

Pero la realidad es que si un niño o niña no tiene un cuidado receptivo y sensible en esta etapa de la vida, el desarrollo de su cerebro puede verse afectado seriamente, y los efectos de este daño podrán quedar biológicamente impresos de manera indeleble para el resto de sus vidas.

Digamos que el capital mental de los niños podría verse socavado en instituciones de baja calidad donde hay demasiados niños por educador, o rutinas poco pensadas para atender las necesidades individuales de cada alumno.

El cerebro infantil es un órgano inacabado que termina su maduración y define todo su potencial en los primeros años de la vida, y que requiere para ello de algunos insumos básicos, como buena alimentación, cuidados cariñosos y sensibles, libertad de movimiento y una conversación constante y rica en vocabulario. Si estos insumos básicos no se les proporcionan, entonces las neuronas de esos cerebros en formación simplemente no “conectan”.

Por lo tanto, si hay un servicio escolar verdaderamente fundamental en la vida de un niño es precisamente aquel al que acude en los primeros seis años de su vida, previo a la educación primaria. Esos son los años en los que el desarrollo del cerebro se encuentra “en su punto”.

Muchos países latinoamericanos han comprendido esto y empiezan a desarrollar esquemas donde no sólo invierten y mejoran la calidad de los centros de cuidado y atención para niños pequeños, sino que también trabajan en esquemas más innovadores para orientar las prácticas de crianza de las familias, de manera tal que puedan contrarrestarse los efectos de haber pasado varias horas en las mañanas en un jardín de niños o una guardería de mediana o baja calidad, pues por las tardes los niños encuentran padres presentes y receptivos, involucrados con el desarrollo integral de sus hijos.

Los expertos señalan que los elementos que caracterizan un cuidado infantil de alta calidad tienen que ver con los aspectos estructurales, y, sobre todo, con la calidad de los procesos.

La parte estructural se refiere a la infraestructura ( edificios seguros, amplios, bien construidos, levantados ex-profeso para ser un servicio educativo para niños pequeños, no casas adaptadas), la disponibilidad de los materiales, la calificación profesional de los cuidadores ( educadoras certificadas, puericultistas, técnicos en asistencia educativa), y muy importante, la cantidad de niños por cuidador: en las salas de lactantes ( de 45 días a 18 meses), 4 niños por cada adulto, en las de maternales ( de 18 a 36 meses), seis niños por cada cuidador, y en los grupos preescolares 25 niños en cada salón.

Pero la parte más significativa para medir la calidad, tiene que ver con las interacciones que se produzcan entre los cuidadores y los niños: frecuentes, ricas en lenguaje, cálidas emocionalmente y sensibles a las necesidades de los pequeños.

Por eso es que es muy importante para los padres que el servicio que elijan para sus hijos les permita evaluar estas condiciones, observar el trabajo que se lleva a cabo con los niños, confirmar que los espacios y sobre todo, el trato, son los requeridos.

Por lo tanto, no es un asunto menor, y lo recomendable es que las familias se tomen por lo menos seis meses antes de inscribir a sus hijos en la búsqueda de la mejor opción.

Claro está entonces que el verdadero elemento de juicio para decidir a qué guardería o jardín de niños llevaremos a los hijos, debe ser la calidad del servicio, y no si nos queda cerca de la casa o el trabajo. Algunas cosas a considerar serían la reputación del lugar, y las opiniones de los padres que ya llevan a sus hijos a esa guardería o jardín de niños.

También la normatividad que rige el sitio ( plan de emergencia, programa interno de protección civil, observancia de normas oficiales mexicanas para la preparación de alimentos e higiene en general); que sea un centro de puertas abiertas para los padres, que permita que puedan presentarse siempre que lo deseen.

Idealmente, si los niños reciben alimentos por parte del servicio, deben contar con un plan nutricional. Y algo muy pero muy importante: empleados responsables, amorosos, entusiastas y bien preparados, que compartan la filosofía de la familia sobre cuidados básicos como el sueño, la alimentación, el juego y otros aspectos de la vida de los pequeños. Si no encuentra todas estas cosas, es mejor que siga buscando.

La elección de una guardería o un jardín de niños no es un asunto menor. El desarrollo afectivo, físico, cognitivo, mental y emocional de su hijo o hija puede estar en riesgo, y verse afectado irremisiblemente para el resto de su vida.

¡Hasta la próxima!


 
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